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QUIÉN ERA PAU CASALS

Pau Casals es un catalán universal, admirado y respetado en todo el mundo por haber sido un gran músico y un gran defensor de la Paz, los Derechos Humanos y de Cataluña. Su trayectoria musical y personal, su manera de pensar y sus actos lo convierten en una persona excepcional, relevante, que honra nuestro país y nuestra historia.

Pau Casals nació en 1876 en el seno de una familia humilde del Vendrell. Su padre era músico y tocaba el órgano de la iglesia y el piano. Escuchando el sonido de los dos instrumentos, aprendió a amar la música. De muy pequeño ya quiso tocar el órgano, pero los pies no le llegaban a los pedales, así que tuvo que esperar a tener nueve años para poder hacerlo. Un buen día llegaron al Vendrell unos payasos musicales que se llamaban "Los tres bemoles". Uno de ellos tocaba, cómicamente, un instrumento formado por un palo de escoba encorvado que imitaba un violonchelo. Pauet, quedó tan fascinado por el sonido de este instrumento que, unos días más tarde su padre, con la ayuda del barbero del pueblo, le construyeron un instrumento formado por una calabaza vacía con un batidor y una cuerda.

Pero no fue hasta los once años que Pau escuchó por primera vez un verdadero violonchelo. Esto fue en un concierto que Josep Garcia, profesor de la Escuela de Música de Barcelona, hizo en El Vendrell.

Y así fue como Pau decidió que aquel instrumento pasaría a ser su compañero de viajes y aventuras.

Con su madre se fue a Barcelona para iniciar los estudios de violonchelo. Fue allí donde descubrió al compositor Johann Sebastian Bach. Encontró un pliego de partituras y, muy excitado, las empezó a tocar. Pronto comenzó a introducir cambios en las técnicas de interpretación del violonchelo. Para él parecía muy sencillo: sus brazos no podían quedarse pegados al cuerpo, tenían que trabajar para lograr el mejor sonido del instrumento; él, el arco y el violonchelo formaban un todo a favor de la música y del sentimiento. Con su nueva manera de tocar y una intuición especial para interpretar las partituras se convirtió poco a poco en uno de los más grandes intérpretes de violonchelo.

Recomendado por el pianista y compositor Isaac Albéniz viajó a Madrid, donde la reina María Cristina le concedió una beca. Con su madre y sus dos hermanos pequeños se instalaron en la gran ciudad, bajo la protección y la amistad del conde Morphy, secretario de la reina. Pau tenía dieciséis años.

Su formación musical avanzaba. De la corte española lo enviaron al Conservatorio de Bruselas, donde tras la humillación recibida por parte de uno de los maestros, Pau Casals decidió marcharse a París. Esta decisión implicó la ruptura de los vínculos con Madrid y la retirada de la pensión por parte de la reina.

En París, la capital de los artistas, conoció la miseria. Decidió volver a Barcelona, ​​donde le ofrecieron ser profesor de violonchelo de la Escuela Municipal de Música y, más tarde del Conservatorio del Liceo. El hecho de no haber salido adelante en París le hizo volver, y finalmente consiguió triunfar con la orquesta de Charles Lamoureux. Así comenzaba una nueva época que le llevó por todo el mundo: Estados Unidos, Argentina, Rusia, Hungría, Brasil, Reino Unido... Fueron numerosas las ciudades por las que Pau Casals dejó oír el sonido de su violonchelo. Un viaje se sucedía tras otro, hacía nuevos amigos en cada país, y el público y la crítica llenaban de elogios al joven talento.

Y fue así como encontró la necesidad de buscar un espacio para el reposo y el descanso. Decidió construir una casa junto al mar en San Salvador, cerca de El Vendrell. En esta casa Pau Casals pasaba los veranos con su familia y sus amigos y con los años se convirtió en un lugar muy especial y querido para Pau Casals. Hoy, esta casa es la Villa Museo Pau Casals, y la sede de su Fundación Privada.

Pero cada hombre vive en un espacio y en un tiempo, y estos dos factores hacen de variables en el camino de cada ser. Pau Casals, conocido como un gran músico internacional, también era un catalán que sufrió la Guerra Civil Española. Al terminar la guerra, como muchos otros catalanes, tuvo que huir.

Pau Casals se marchó en Prada de Conflent, sin saber que nunca más volvería a su tierra ni tampoco a su casa de San Salvador. Cuanto mayor era la tristeza provocada por la huida de la gente de su país, cuanto mayor era el sufrimiento por la miseria que vivían sus compatriotas, más se daba cuenta que tenía que luchar en ambos sentidos. Había que ayudar a las personas a recuperar su dignidad y había que protestar ante las injusticias que se cometían en su país y en otros países del mundo.

Repartió el dinero que había ganado como músico entre los miles de personas que fueron a parar a los campos de refugiados en el sur de Francia, pero cuando vio que los gobernantes no reaccionaban a las penurias de tanta gente, decidió dejar de tocar el violonchelo. Renunció a los conciertos, renunció a los aplausos, renunció a los escenarios, los viajes y el reconocimiento y dijo NO.

Durante muchos años Pau Casals quedó en silencio. Solo entre los cuatro paredes de su cuarto, el violonchelo repetía un día y otro el lenguaje sublime de la música. Sus amigos no lo olvidaban y a menudo lo iban a ver por animarle a volver a tocar, pero él siempre se negaba. Al acercarse el bicentenario de la muerte de Johann Sebastian Bach le propusieron la dirección de un Festival Bach en Estados Unidos con la mejor orquesta y los mejores solistas del mundo, pero Pau Casals se negó. Entonces pensaron de organizar el festival Prada. Y así fue como Pau Casals volvió a tocar en público. Desde los países más lejanos llegaban mujeres y hombres dispuestos a oír y ver el mejor músico del mundo.

Repartió el dinero que había ganado como músico entre los miles de personas que fueron a parar a los campos de refugiados en el sur de Francia, pero cuando vio que los gobernantes no reaccionaban a las penurias de tanta gente, decidió dejar de tocar el violonchelo. Renunció a los conciertos, renunció a los aplausos, renunció a los escenarios, los viajes y el reconocimiento y dijo NO.

Durante muchos años Pau Casals quedó en silencio. Sólo entre los cuatro paredes de su cuarto, el violonchelo repetía un día y otro el lenguaje sublime de la música. Sus amigos no lo olvidaban ya menudo lo iban a ver por animarle a volver a tocar, pero él siempre se negaba. Al acercarse el bicentenario de la muerte de Johann Sebastian Bach le propusieron la dirección de un Festival Bach en Estados Unidos con la mejor orquesta y los mejores solistas del mundo, pero Pau Casals se negó. Entonces pensaron organizar el festival Prada. Y así fue como Pau Casals volvió a tocar en público. Desde los países más lejanos llegaban mujeres y hombres dispuestos a oír y ver el mejor músico del mundo.

Tras un tiempo viviendo en Prada, Pau Casals se trasladó a Puerto Rico, la tierra donde había nacido su madre. Su actividad musical cada vez era más intensa y reconocida en todo el mundo y poco a poco se fue convirtiendo en un símbolo de hombre luchador por la paz y los derechos humanos de los pueblos.

Y así fue como decidió llevar por todo el mundo una de sus composiciones más conocidas El pessebre en la que él puso música a un poema de un poeta catalán y amigo suyo que se llamaba Joan Alavedra.

Con esta actitud Pau Casals se convirtió en un personaje universal reconocido y condecorado en muchas ocasiones. Uno de los días más importantes de su vida fue cuando le concedieron la Medalla de la Paz de las Naciones Unidas. Pau Casals tenía 95 años y después de dirigir el himno que él mismo compuso, se dirigió a todos los que la escuchaban y les dijo:

Hace muchos años que no toco el violonchelo en público, pero creo que debo hacerlo en esta ocasión. Voy a tocar una melodía del folclore catalán. El Cant dels Ocells (El Canto de los Pájaros). Los pájaros, cuando están en el cielo, cantan: "paz, paz, paz", y es una melodía que Bach, Beethoven y todos los grandes habrían admirado y querido. Y además, nace del alma de mi pueblo."

"... no volvería a tocar públicamente mientras las democracias no cambiaran su actitud hacia España. " "La música, este maravilloso lenguaje universal, debería ser fuente de comunicación entre los hombres..."